Ya te encontré.
Sonrisa cautivadora, mirada profunda y llena de vida, con gestos y ademanes llenos de gracia y salero acompañados de una inteligencia y saber estar que me embelesa y atonta hasta extremos nunca antes conocidos.
Te encontré donde ya no pensaba buscar, donde todo empezó y abandoné por considerarlo imposible, por creer que en ese sitio ya no había nada ni nadie que me pudiera interesar, sitio en el que siempre estuviste y nunca dejaste de esperarme sabiendo que , tarde o temprano, volvería.
Ya te encontré en lo más hondo y profundo de mi imaginación.