En un recodo del camino, cuando ya caminaba casi sin mirar hacía delante, apareció con su eterna sonrisa, con su gracioso caminar y con una flor entre los dientes.
No me lo esperaba, no lo vi venir y, sin embargo, mi intuición me decía que si, que esta vez si.
Dispuesto estaba a esperar años, a cambiar mis convicciones y a atravesar todas mis líneas rojas, estaba dispuesto a todo menos a la renuncia. Iba preparado para luchar, para pelear, para armarme de paciencia y controlar mi ansía y todos mis impulsos. Preparado para el fracaso y para el éxito. Listo para enfrentarme a cualquier dificultad que me encontrara en el camino y.....
No pelee, no luché.
No hizo falta.
Solo amé.